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domingo, 19 de junio de 2011

Cambio libros por ladrillos*. Por Santiago Álvarez González**

EL PATRIMONIO de la USC es envidiable y envidiado por otras universidades españolas y extranjeras. Hablo de sus recursos humanos (científicos, investigadores, personal de apoyo), pero también del resto de su patrimonio. Resulta un orgullo para quienes trabajamos en la USC poder ser el anfitrión de nuestros colegas, provenientes de universidades de igual o superior prestigio internacional, y mostrarles, por ejemplo, los fondos de la Biblioteca Concepción Arenal. Aparece ese dicen que pecado venial que es la vanidad, cuando podemos exhibir un catálogo de publicaciones periódicas, digno de los centros de investigación de excelencia de Suiza, Alemania, Francia o Reino Unido; cuando la última novedad está en nuestras estanterías y no en las suyas. La envidia (sana o insana) no surge por el hecho del poseer o exhibir del otro, sino por lo que ello supone. Por la ventaja de partida que los investigadores de la USC tenemos al poder disponer in situ de tantas y tan valiosas fuentes de información científica: nuestros instrumentos de trabajo.

Hace poco he recibido un correo electrónico diciendo que la Comisión de la Biblioteca Universitaria había decidido reducir en un 44% los fondos bibliográficos de las publicaciones periódicas. Así, sin más. Por no aburrir al lector, eso significa que hay que cancelar la suscripción de casi la mitad de las revistas científicas. Eso significa también que revistas cuyo primer ejemplar alguien decidió comprar en el siglo XIX, y durante décadas otros muchos decidieron continuar, se quedarán para nosotros en el año 2011, año de su muerte civil en la USC. Revistas cuya vitalidad científica está fuera de toda duda, que sobrevivieron a tiempos mucho peores que los actuales, como la guerra civil y la dictadura, quedarán suprimidas por esas "razones presupuestarias", tan neutras ellas, tan opacas y tan cómplices de una desastrosa gestión económica y una ausencia absoluta de asunción de responsabilidades.

Ante esta desgraciada situación, frente a la que cada vez con más frecuencia nos resignamos pensando que se trata de un trágala más, siempre queda el consuelo de acudir a los sabios para minimizar el daño. Vamos, que seguro que la Comisión de la Biblioteca Universitaria, cuyo nombre augura una composición de responsables expertos en lo que tienen entre las manos (y me refiero a la gestión de los fondos bibliográficos de la USC), es capaz de utilizar criterios objetivos y racionales para realizar la parece que ineludible selección de víctimas. Esto se llama priorización, y se pueden utilizar criterios como el considerar que se han de mantener las revistas más consultadas, las que sean únicas en España, las que sean únicas en Galicia, las colecciones completas con más de 100 años, o, por el contrario, las más recientes... Criterios que obedezcan a una decisión racional de conservación de ese patrimonio de la USC al que aludía al comenzar mi escrito.

Como suele ser habitual en estos casos, el consuelo contrasta con una realidad cada vez más frecuente en el reparto de responsabilidades y toma de decisiones en la Universidad: la decisión drástica se toma en los altos niveles y se ordena ejecutar al directamente perjudicado. "Yo sólo te dije que eliminases la mitad de las revistas... cuáles es tu problema". Y ¿quién es el propietario del posesivo tu? El mensaje de mi decano, a quien la Comisión de la Biblioteca Universitaria pasa la patata caliente, nos dice que el acuerdo de la Comisión (esta vez de la Facultad de Derecho) es que debemos resolver nosotros, los usuarios principales (aunque no únicos). Confieso que no me parece un mal criterio. Me duele tener que hacer un trabajo por el que cobran otros, pero todo sea por el bien común. Sin embargo, este criterio medio aceptable no nos llega en estado puro. Nosotros no somos todos tratando de buscar lo mejor para los fondos bibliográficos en general, sino los pequeños reinos de taifas universitarios (las distintas áreas de conocimiento) a las que se han ido vinculando a lo largo del tiempo unas u otras revistas. En ocasiones por clara afinidad temática; en otras, consecuencia del puro azar. Pues bien, cada área de conocimiento decidirá libremente qué revistas "suyas" viven y cuáles mueren. Se rumorea que una de las decisiones ya adoptadas es suprimir todas las revistas de habla inglesa, francesa, alemana, etc., y sólo mantener las españolas y las escritas en swahili, ya que es el criterio científico que más convence al catedrático de la disciplina, que hizo su tesis en Tanzania allá por los años setenta (cualquier parecido con la realidad puede no ser mera coincidencia: cámbiese el swahili por una lengua bárbara menos exótica). Es como si hubiera que cerrar la mitad de las infraestructuras viales del Estado y, dejándose la decisión en manos de cada Comunidad, Galicia decidiera cerrar la conexión con Portugal porque considera vital la conexión con la Meseta, mientras que Castilla y León decide cerrar la A6 y la Autovía Rías Baixas en los accesos a Galicia porque considera prioritaria la conexión con Asturias, ya que les gusta más la fabada que el caldo gallego. Y no pasa nada.

El próximo día que mis colegas de Bayreuth o de Heidelberg pasen por la USC no podré acompañarles en una visita guiada por la Biblioteca Concepción Arenal, pues no sería orgullo sino vergüenza lo que sentiría al mostrarles nuestras colecciones truncadas por la visión de futuro de nuestras autoridades universitarias. Eso sí, podré enseñarles el novísimo Instituto para la Cría de Empresas de Competitiva Excelencia y Estratégica Prioridad (Iceceep), sus fachadas ventiladas con placas de resinas fenólicas y sus ventadas de aluminio con rotura de puente térmico de última generación.

* Publicado en El Correo Gallego.

** Santiago Álvarez González es catedrático de Derecho Internacional Privado de la Universidad de Santiago de Compostela.

Un prólogo con miga. De Carlos Martínez-Buján

El siguiente texto pertenece a Carlos Martínez-Buján Pérez, Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de A Coruña y Conselleiro en el Consello Consultivo de Galicia. Aparece en el prólogo de su obra Derecho Penal Económico y de la Empresa. Parte Especial, 3ª ed., Tirant lo Blanch, Valencia, 2011, pág. 19.


La principal novedad de esta tercera edición consiste en la incorporación del contenido de la Ley Orgánica 5/2010, de 22 de junio, de modificación del Código penal, en vigor desde el 23 de diciembre de 2010, uno de cuyos principales objetos es, precisamente, el del Derecho penal económico y de la empresa. De hecho, la mayor parte de las Lecciones de este libro se han visto afectadas, en mayor o menor medida, por esta reforma, que comporta incluso la creación de nuevas figuras delictivas, como el delito de estafa de inversión de capital y estafa de crédito (art. 282 bis), el delito de corrupción entre particulares (art. 286 bis) o diversos tipos contra los recursos naturales y el medio ambiente (art. 328, apartados 2 a 7). A ello hay que añadir la previsión de la responsabilidad penal de las personas jurídicas para buena parte de los delitos que aquí se estudian.

Por otra parte, y dado que la segunda edición de esta obra se terminó de redactar en otoño de 2004, la tercera edición supone también una puesta al día de su contenido en lo referente a la legislación extrapenal que se ha promulgado a lo largo de estos seis años, así como en lo concerniente a la bibliografía y a la jurisprudencia.

En lo que atañe, en particular, a la incorporación de la nueva bibliografía he tratado de mantener, en la medida de lo posible, las características de la anterior edición, en el sentido de añadir en todos los delitos las referencias de los principales trabajos publicados en la doctrina española a lo largo de estos seis últimos años. No obstante, debo confesar que, a pesar de haber dedicado muchas horas a esta tarea, no estoy seguro de haberlo conseguido. La infernal dinámica a la que nos hemos visto abocados los profesores e investigadores españoles, a causa de tener que enfrentarnos a acreditaciones, evaluaciones y revisiones, inventadas por la jerga vacía de pedagogos de mente calenturienta al servicio de la Administración educativa para obstaculizar el verdadero progreso científico y cultural, ha propiciado una terrorífica inflación de publicaciones sedicentemente originales, muchas veces sin el rigor y la calidad exigibles, no faltando incluso casos en que no sólo no se aporta nada nuevo al acervo jurídico-penal consolidado, sino que se dice mucho menos (y de peor modo) de lo que ya se contenía en trabajos anteriores, que en no pocas ocasiones (para mayor colmo) se desconocen.

Por tanto, en esta tercera edición me he enfrentado a una ardua labor de selección de las contribuciones que me parecían más relevantes y, sobre todo, aquellas que ofrecían alguna aportación digna de mención en la interpretación de los tipos penales. Sin embargo, estoy seguro de que, pese a las muchas horas de lectura perdidas en el intento de separar el grano de la paja, habré incurrido en omisiones de trabajos que merecerían ser tenidos en cuenta y por las que pido disculpas por anticipado.

Por lo que respecta a la jurisprudencia, la cuestión se presenta de un modo diferente. Plenamente convencido ya de que el contenido de las resoluciones jurisprudenciales es cada vez peor en el aspecto jurídico y que además en los últimos tiempos los razonamientos son, en no escasa medida, ya gramaticalmente ininteligibles, me he limitado a una tarea puramente informativa de la adscripción de la jurisprudencia a las diversas tesis que la doctrina científica ha ido elaborando sobre los diferentes elementos de los delitos aquí analizados.

Finalmente, en la redacción de este libro he tenido en cuenta las nuevas reflexiones sobre esta materia del Derecho penal económico y de la empresa que recogí en la 2ª edición de mi Parte General, publicada en el año 2007 y basada en los postulados de la concepción significativa de la acción.

En Santiago de Compostela, diciembre de 2010

Carlos Martínez-Buján Pérez

Catedrático de Derecho penal

Universidad de A Coruña

Calidad en la universidad. Dos conversaciones verosímiles. Por Juan Antonio García Amado

1.

Riiiing, riiiiing

- Dígame.

- Mamá, mamá, soy Deme.

- ¿Quién?

- Deme. Demetrio, mamá, tu hijo.

- Deme, mi niño, cómo estás.

- Mami, tengo una gran noticia

- Cuál, cuál.

- Me acaban de nombrar vicerrector de calidad, mamá, no te lo vas a creer

- ¿Qué dices de un bimotor?

- No, no, vicerrector, vicerrector. Vicerrector de calidad, mamita, ¿no es increíble?

- Ay, mi niño, qué alegría. ¿Qué quiere decir de calidad, Deme? ¿Por qué no de dineros o eso?

- Mamá, qué cosas preguntas. De calidad es lo máximo, ¿no te das cuenta? De ca-li-dad. Creo que quiere decir que me nombran el vicerrector mejor, el de más cualidades, el vicerrector más total, mami, el numberguán.

- Ya lo decía tu padre, que en gloria esté: este niño ha nacido de pie. La primera vez que se lo oí fue cuando te tiraste por la ventana porque decías que podías volar como las mariposas y tuviste la bendita suerte de caer sobre el toldo de la zapatería. Menudo susto, me acuerdo de que…

- Mamá, mamá, no te enrolles, que voy fatal de tiempo. Precisamente el rector nos ha convocado dentro de una horita a todos los de su equipo para asignarnos tarea y todo eso. A ver qué me da a mí, verás qué interesante.

- Bueno, hijo, ve, anda. No te olvides de darle saludos a Marita de mi parte. ¿Qué tal está?

- Mamá, te recuerdo que nos separamos el año pasado. Si no quieres asimilarlo es cosa tuya.

- ¿Y el niño? ¿Sigue bien el niño? ¿Está contigo?

- El niño está pasando este curso en Nueva York, mami, ya te lo había contado. Tengo que irme. Te quiero mucho.

- Adiós, hijo, adiós, y enhorabuena por lo de vicealcalde.

2.

Despacho del rector. El rector, de pie. Más tarde se sienta, en silla alta. Demetrio Gorriti está sentado en un sofá.

- Gorriti, ¿qué tal me ves?

- Bien, muy bien, rector. Magnífico.

- Gracias, Gorri. ¿Te parece que me queda bien esta americana? Es nueva.

- De maravilla, te sienta de maravilla. Magnífica americana.

- ¿No crees que cuando la abrocho me tira un poco de la sisa?

- Yo diría que no. Se llevan entalladas esta temporada.

- Lo sé. Es de Hugo Boss. La casa por la ventana, Gorri, pero no se es rector todos los días.

- Que sea por muchos años, rector, por muchos años.

- Gracias, Gorri. Y tú que lo veas. Vamos a hacer grandes cosas juntos.

- Sí, sí. Estoy a tus órdenes rector

(Demetrio hace ademán de levantarse, pero el rector lo detiene posándole una mano en el hombro. El rector se sienta en su silla).

- Bueno, Demetrio, vamos a lo nuestro.

- Estoy impaciente, rector.

- Sabes que te quiero en calidad.

- Me siento sumamente honrado. Creo que no me lo merezco.

- Es posible que no, pero lo he decidido así y decidido queda.

- No te defraudaré, rector.

- Vale, vale. Bueno, por el momento vas a ocuparte de las encuestas de los estudiantes y de las auoevaluaciones del PAS y del PDI. También te pido que de aquí a tres meses prepares un programa de control calificado de calidad. Lo llamaremos CONCACA.

- Esto…. Bien, bien. Y qué más.

- ¿Qué más? ¿Te parece poco? La calidad, Gorri, la ca-li-dad. Importantísimo. Y encuestas, muchas encuestas. Todas las semanas hay que pasar a todo el personal una encuesta de calidad. Que si qué tal esto, que si qué tal lo otro. Con muchas preguntas. E informes, que todo dios haga un informe diario sobre su calidad. Diario, sí señor. De tres páginas, mínimo. Y un sistema de evaluación de la calidad de la evaluación de la calidad. Lo llamaremos programa de metecalidad.

- ¿Mete?

- Meta, quiero decir metacalidad, calidad de la calidad, ya sabes. Como meteoro.

- ¿Meta es calidad de la calidad? Um, suena bien: meta calidad, sí señor.

- Y las fuentes, calidad de las fuentes y de la calidad del control de la calidad de las fuentes. Ya me han llegado quejas de que algunas fuentes del campus tienen el agua turbia.

- ¿Fuentes? ¿Hay fuentes en el campus? No las conozco.

- Bueno, pues si no las hay, las creas tú para joder bien a los que se quejan. Fuentes de calidad. Y sostenibles. Evaluadas. Tendremos tres fuentes de calidad sostenible, por lo menos. Con encuestas y memorandos.

- ¿Encuestamos a las fuentes?

- No seas bestia, Gorri. Encuestamos al personal docente e investigador. Que cada semana cubran una aplicación informática sobre la calidad de las fuentes y que desarrollen competencias sobre el agua y los surtidores. Competencias transversales, tienen que ser transversales y con algo de género, lo que sea. Y haremos el día de la fuente universitaria. “Universidad, fuente del saber”. Ahí tienes el lema, para que no te agobies. Será el 17 de mayo, día de mi cumpleaños.

- Vale. Tomo nota.

- Pues ya está, ya tienes labor de sobra.

- Bien. Yo… No sé…

- Qué pasa, Gorri. ¿No te convence lo de las fuentes de calidad sostenible?

- Sí, sí, es una idea genial.

- Una idea sostenible, Gorri.

- Claro, sostenible.

- Una idea de calidad, de supercalidad. De lo tuyo, mira.

- Una idea de supercalidad, naturalmente, rector.

- Una idea cojonuda, como todas las mías. Pero esto entre nosotros.

- Sí, cojonuda entre nosotros.

- ¿Te queda alguna duda?

- Verás, no sé cómo decirlo. Me habías dicho que yo sería vicerrector de calidad, ¿no es cierto?

- Claro, ese es tu cargo. No te quejarás, ¿eh? De ca-li-dad. Estuve por llamarlo de calidad y sostenibilidad, pero se sobreentiende.

- De calidad, pues por eso. Que yo creía que, bueno, que era como un supervicerrectorado. El de más mandar, ya me entiendes. Tu segundo, por así decir, tu lugarteniente. Al ser de calidad…

- Qué bruto eres Gorri. No sé para qué te saco de Agrícolas. ¿Qué tiene que ver el mandar mucho? Para eso estoy yo, que, bien mirado, vengo a ser como un rector de mucha calidad.

- No, eso sí. Es que ya se lo había comentado a mi madre y está muy ilusionada.

- Nada, nada, tú a tu madre le explicas que la calidad es hoy en día lo principal. Y autoevaluaciones, muchas autoevaluaciones. Y también homoevaluaciones.

- ¿Homoevaluaciones o heteroevaluaciones?

- De las dos. Pero más que nada autoevaluaciones. E informes y memorandos. Y aplicaciones. Y cada semana un dossier de calidad y a tomar por el saco. Eso, quiero que pidas al personal docente e investigador un dossier semanal sobre su autocalidad. Y al PAS también, que esa gente es muy sensible y enseguida se molesta si no se le exigen autoevaluaciones de calidad.

- ¿Y a los otros vicerrectores?

- A los otros vicerrectores qué.

- Que si puedo obligarlos a autoevaluarse también. No sé, cada mes o así. Para que vean que yo soy el de calidad y que hay un poquito de jerarquía y esas cosas.

- Buenísima idea, Gorri. Ni jerarquía ni hostias. Pero autoevaluaciones vicerrectorales sí, mira, eso me ha gustado. Cada cinco días. Cada cinco días naturales un cuestionario de diez páginas para que cada vicerrector se autoevalúe la calidad. Que la gente se apoltrona si no se controla la calidad, eso está demostrado.

- Huy, qué bien. Ahora sí que me siento contentísimo. Tengo que llamar a mi madre esta misma tarde.

- Llámala, llámala, y dale recuerdos míos. Pero no te distraigas. Debes ponerte a la tarea hoy mismo. No olvides que se empieza en la calidad y se desemboca en la excelencia, que es a lo que vamos. Seremos campus de calidad excelente. ¿Te suena bien así o mejor campus de excelencia de calidad?

- ¿Sostenible?

- Eso, eso. Campus sostenible de calidad para la excelencia. Excelente, excelente. Soy un hacha, Gorri, ¿te das cuenta?

- Excelente, rector. Súper. Magnífico.

- Pues hala, hala. A lo tuyo y dile al vicerrector de Tiempo Verde que pase.

Reflexiones sobre la dedicación del profesorado en el proyectado Estatuto del PDI. Por Germán Orón Moratal*

Comparando el texto vigente del R.D. 898/1985, de 30 de abril, sobre régimen del profesorado universitario, con el contenido del proyecto de Estatuto del PDI, en relación con la dedicación del profesorado, se observan una serie de cuestiones que deben ser objeto de reflexión.

Tras el citado RD han sido considerables las reformas que ha tenido el sistema universitario, y por lo que aquí se refiere, por ejemplo, con el cómputo por créditos de las asignaturas (1 crédito, 10 horas), y ahora con el ECTS, que mide el volumen o carga total del trabajo de aprendizaje del estudiante y se corresponde con una carga de trabajo del estudiante de 25 a 30 horas por crédito, y que comprende las horas correspondientes a las clases lectivas, teóricas o prácticas, las horas de estudio, las dedicadas a la realización de seminarios, trabajos, prácticas o proyectos, y las exigidas para la preparación y realización de los exámenes y pruebas de evaluación, sin que por el contrario se haya precisado con exactitud la relación del ECTS con la obligación horaria del profesorado, si bien la práctica en muchas Universidades le asigna una horquilla entre 7 y 10 horas de clases lectivas. En número de créditos suele fijarse en 24 el que corresponde a la dedicación máxima anual del profesorado a tiempo completo.

Sin embargo, todavía hoy, normativamente, se computan semanalmente las obligaciones docentes de los profesores con régimen de dedicación a tiempo completo, en ocho horas lectivas y seis horas de tutorías. Asimismo, al menos un tercio de la jornada semanal debe reservarse a investigación. Esto supone que de la jornada semanal, 14 horas se deben destinar a obligaciones docentes presenciales, 12,5 horas mínimo a investigación y el resto (11 horas) a más investigación o formación, esto es, actividades indisolubles respecto de las anteriores y complementarias, y como paradigma de ellas, la preparación de clases.

El proyectado estatuto, dice en su preámbulo que “pretende recoger, y mostrar ante la ciudadanía, la enorme diversidad de actividades del profesorado universitario que, por primera vez, se identifican, explicitando el quehacer de los profesores y las tareas que realizan en beneficio de la sociedad”, y establece un régimen de dedicación general muy perfilado pero que deberá concretarse en el denominado plan individual de dedicación académica (PDA) que debe aprobarse por la Universidad para cada profesor.

El marco del régimen de dedicación se establece en el art. 14.6, en los siguientes términos:

La dedicación del profesorado universitario a tiempo completo se distribuirá de la siguiente forma en su jornada laboral en cómputo anual:

a) El 80 por ciento para actividades docentes y de investigación y, en su caso, de innovación y transferencia. Este porcentaje podrá ser reducido por actividades de dirección y gestión, en los términos que establezca cada universidad.

b) El 20 por ciento restante se dedicará a actividades de formación continua que se concreten en la asistencia a cursos y seminarios, reuniones y congresos científicos, y estancias cortas en otras universidades, instituciones, empresas o centros de investigación, y otras que faciliten o favorezcan sus funciones como profesor universitario y que cada interesado podrá determinar libremente y justificar ante su universidad.

Ciertamente el cómputo anual no es equiparable exactamente al cómputo semanal, pues hay semanas en que no hay docencia con clases lectivas, aunque sí pueden o deben realizarse funciones docentes, pero que permiten dedicar un mayor periodo de tiempo -en cómputo semanal- a las actividades que se incluyen en el 20% del cómputo anual, y que asciende a casi 320 horas anuales, frente a las 1317 que conforman el 80%. En este sentido es positivo el reconocimiento de actividades tendentes a incrementar el capital humano del docente, pues, aun cuando tiene una relación directa que a él le beneficia, incluso en algunos casos económicamente por la posible participación en contratos de asistencia y de investigación, no debe olvidarse que también debe trasladar el conocimiento a los discentes y a la sociedad.

A continuación, el mismo precepto, en el número 8, perfila la dedicación a actividades docentes, también en cómputo anual (240 horas para actividad docente básica, y 180 para actividad docente complementaria), lo que no es sino un equivocado trasunto de las vigentes 8 horas semanales de docencia y las 6 de tutorías. En concreto dispone:

La asignación máxima de horas a un profesor universitario para el desarrollo de actividad docente básica será de 240 horas en cómputo anual. Con carácter orientativo entiende por actividad docente la prevista en los párrafos b), c) e i) del artículo 9.2.

En el mismo caso anterior, la asignación de horas a un profesor universitario para el desarrollo de la actividad docente complementaria será de un máximo de 180 horas en cómputo anual Se entiende por actividad docente complementaria la prevista en los párrafos a), d), e), f), g) y h) del artículo 9.2.

Sin embargo, estos límites podrán superarse en los casos en que el PDA anual del profesor no pueda completarse justificadamente con otras actividades.

La identificación de funciones que competen al profesorado y su adscripción a lo que hasta ahora se ha venido identificando como docencia y como tutorías, sin duda comporta una mayor seguridad jurídica para el profesor, pero en los términos que se hace es posible dudar que redunde en una mejoría de prestación de servicio público inmediato.

Lo primero que debe indicarse, y de ahí que me refiera al equivocado trasunto, es que ese cómputo anual de las 240 y 180 horas se cubre con las obligaciones docentes de las 30 semanas lectivas, 15 por semestre. La correlación con la situación actual guarda una relación más adecuada para la denominada actividad docente básica, en la medida que gran parte de la misma como veremos se integra por docencia presencial, pero bastante inferior a las seis horas semanales de tutorías, pues descontadas las vacaciones y los periodos no lectivos (Navidad y Semana Santa, y en su caso festividades locales), aún quedan bastantes más semanas para agotar el año.

En la actividad docente básica serán computables la planificación (elaboración de guías docentes; coordinación de la docencia en niveles de grado o posgrado), la docencia presencial en todos los niveles y formatos (clases teóricas, clases experimentales o prácticas, seminarios o clases interactivas de tutorización en grupo) y calidad y mejora (participación en programas institucionales de calidad e innovación educativa). Obviamente unas actividades son más visibles que otras y es especialmente importante que se incluyan expresamente como computables en este grupo de dedicación los seminarios o clases interactivas de tutorización en grupo, pero habrá que ver cómo se concreta en cada universidad la medición de la dedicación a actividades que no son especialmente visibles, e incluso las visibles, pero en cualquier caso es obvio que las horas de clases lectivas han de ser menos de 8 a la semana.

Mayor es si cabe el problema en relación con la actividad docente complementaria, esto es, la de las 180 anuales, que son bastantes menos que las 6 semanales de ahora, y en la que junto a las tutorías individuales, de orientación y atención a los estudiantes, serán computables también: la elaboración de materiales docentes, en particular aquellos en formato electrónico y virtual; dirección y seguimiento de trabajos realizados por los estudiantes, en el marco de prácticas en empresas o externas, trabajos de fin de grado o máster, y cualquier otra materia de grado o posgrado, incluyendo la dirección de tesis doctorales; preparación, realización y revisión de pruebas y exámenes; gestión y coordinación académica de programas de intercambio y movilidad de estudiantes (nacionales o internacionales) o de programas relacionados con las enseñanzas preuniversitarias.

Nadie mejor que los alumnos para conocer las facilidades para ser atendidos en el horario de tutorías por su respectivo profesorado, pero también, en otros casos, de las dificultades de conseguir el objetivo. De ahí que la acumulación de tareas invisibles en ese horario, que ahora se pretende más reducido, y que sin duda pueden ser en muchas ocasiones realizadas en ese mismo horario por no ser requerida la atención por estudiante alguno, puede sin embargo legitimar comportamientos que conlleven un detrimento en la prestación del servicio más visible y transparente, cual es las tutorías individuales, y que al mismo tiempo puedan aprovecharse para sortear los mecanismos que la Universidad pueda establecer para comprobar el cumplimiento del Plan individual de dedicación académica que prevé el proyectado art. 8.3.

Importante es también la previsión de que pueda incrementarse la dedicación de horas de docencia en los casos en que el PDA anual del profesor no pueda completarse justificadamente con otras actividades, lo que permitirá contrastar la realidad de la existencia de actividad de investigación y formativa, y si estas no se encuentran, que su mera posibilidad no sea una excusa para no dedicar más horas a la actividad docente; es más, ello puede permitir que las Universidades exijan un mínimo de resultados en alguna de las actividades de investigación, de innovación y transferencia de conocimiento, y aquí los sindicatos algo tendrán que decir, pues debe ser objeto de negociación sindical los criterios generales de asignación de tareas al profesorado dentro de su correspondiente dedicación.

Sobre la mesa queda si el mediopensionista se extingue, o se le sigue alimentando.

* Germán Orón Moratal es catedrático de Derecho Financiero y Tributario de la Universitat Jaume I de Castelló.